
Normandía en cinco días: acantilados y sidra
Ruta en furgo de Rouen al Mont-Saint-Michel: acantilados de Étretat, puertos con encanto, playas del Desembarco y más sidra de la que pienso admitir.
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Normandía
Roma
Costa da Morte
Lisboa
Ruta en furgo de Rouen al Mont-Saint-Michel: acantilados de Étretat, puertos con encanto, playas del Desembarco y más sidra de la que pienso admitir.

Florencia sin reloj, torres medievales y carreteras de cipreses en el Val d'Orcia: cinco días de conducir despacio y quedarse una noche más donde apetece.

Coliseo, Vaticano y todo el barroco que cupo en 72 horas, con un contador de gelatos que se me fue de las manos el primer día.

Una semana de teleféricos, rifugios con strudel y senderos asequibles: de Bolzano al lago di Braies pasando por las Tre Cime.

De los hórreos de Combarro al faro de Fisterra, con parada marisquera en O Grove y el Atlántico bravo de la Costa da Morte.

Tres días en Oporto en familia: la Ribeira, las bodegas de Gaia y el marisco de Matosinhos, con una niña de cinco años que declaró la guerra a la francesinha desde el primer bocado.

De Jaca a Benasque en siete días: ciudadelas, la pradera de Ordesa, el cañón de Añisclo y el Aneto todavía blanco al fondo.

Évora, Monsaraz y la costa de Vila Nova de Milfontes en un coche de alquiler: carreteras vacías, alcornoques y cinco días en los que no pasó nada, que era justo el plan.

Cinco días de curvas junto al mar entre Calella de Palafrugell, Begur, Cadaqués y Girona: caminos de ronda, calas escondidas y el mejor suquet de mi vida.

Alfama, Belém y una escapada a Sintra: 72 horas de cuestas, pastéis de nata y miradores que quitan el hipo.